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¿Es posible adquirir un apego seguro en la etapa adulta?

Otra vez vuelves a poner distancia cuando alguien quiere conocerte de verdad. O revisas el móvil cada dos minutos esperando una respuesta que tarda más de la cuenta. O propones un plan, y en cuanto llega el momento de llevarlo a cabo, te entran unas ganas enormes de cancelarlo. Son gestos pequeños, casi automáticos que muchas veces se normalizan a pesar de generar malestar o consecuencias negativas en las personas que los manifiestan y los repiten una y otra vez.

La forma en la que te vinculas tiene un origen, casi siempre en cómo aprendiste de pequeño/a a esperar (o a no esperar) que alguien estuviera disponible para ti. Pero lo que se aprendió una vez no tiene por qué marcar el resto del camino. En este artículo te contamos qué dice la investigación sobre la posibilidad de desarrollar un apego más seguro en la edad adulta, qué papel juega la terapia en ese proceso y qué puedes hacer tú, hoy, para acercarte a vínculos más estables y sanos.

1. ¿Qué es el apego seguro?

El apego es el vínculo emocional que establecemos de bebés con quienes nos cuidan, y que después usamos como plantilla para relacionarnos con las demás personas de nuestro entorno. Cuando ese cuidado fue razonablemente constante y sintonizado con nuestras necesidades, desarrollamos apego seguro, esa sensación interna de que podemos acercarnos a otros sin dejar de ser nosotros mismos, y de que si algo va mal, no se va a desmoronar nuestro mundo.

Si el cuidado fue impredecible, ausente o incluso amenazante, el sistema nervioso aprende algo muy diferente. Aprende a estar alerta, a no confiar del todo, o a desconectarse de sus propias necesidades para no depender de nadie. Son los llamados estilos de apego inseguro (ansioso, evitativo o desorganizado), y no son un defecto de carácter, sino una adaptación inteligente a lo que había disponible en ese momento. Todas ellas son estrategias de supervivencia, aunque el precio que haya que pagar por ella sea elevado.

La buena noticia es que este aprendizaje temprano no funciona como una condena de por vida. Más bien es como un mapa desactualizado que seguimos usando por costumbre, a pesar de que el territorio ya haya cambiado y no nos sirvan las mismas rutas que antes seguíamos.

2. ¿Se puede cambiar el apego en la etapa adulta? Lo que dice la investigación

La psicóloga Mary Main, una de las grandes referentes de la teoría del apego, describió ya en los años 80 un conjunto de individuos que la sorprendió. Habían tenido infancias difíciles, con negligencia o falta de cuidado, pero en sus entrevistas de adultos mostraban un funcionamiento emocional propio de personas con apego seguro. Main llamó a este grupo earned secure attachment, apego seguro ganado.

Desde entonces, varios estudios longitudinales han seguido a estas personas para entender qué hace posible ese cambio. Uno de los más citados, publicado por Roisman, Padrón, Sroufe y Egeland en la revista Child Development (2002), confirmó que sí existen personas capaces de "construir" seguridad pese a haber vivido cuidados poco sensibles en la infancia. Una investigación posterior de Saunders, Jacobvitz y su equipo (2011) fue un paso más allá y encontró qué hacía posible desarrollar este apego seguro en etapas posteriores a la infancia. Estos investigadores descubrieron que haber tenido en algún momento de la vida al menos una figura de apoyo alternativa (una abuela, un tío, una amistad, una pareja o un terapeuta) que ofreciera algo parecido a una base segura, hacía posible cambiar el estilo de apego.

Estudios recientes mostrado que estas personas presentan menos mecanismos de defensa primitivos y mejor regulación emocional que quienes seguían atrapadas en patrones inseguros, con resultados muy cercanos a los de las personas con apego seguro desde la infancia. El punto de partida importa, pero no determina el punto de llegada.

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3. Errores comunes sobre el apego adulto

Uno de los errores más frecuentes es pensar que el apego es un diagnóstico fijo, algo así como "soy evitativa" o "soy ansioso", como si fuera un rasgo de personalidad inamovible. En realidad es un patrón relacional, y los patrones se modifican con experiencia repetida.

Otro malentendido habitual es creer que basta con "querer cambiar" o con encontrar a la pareja perfecta para que todo se resuelva solo. La relación puede ayudar mucho, pero si las dinámicas arcaicas de desconfianza o de hipervigilancia siguen activas por dentro, tienden a repetirse aunque cambie la persona con la que estamos.

También es común confundir apego seguro con no tener nunca miedo, ni dudas, ni discusiones. Una persona con apego seguro también se enfada, también teme el abandono alguna vez, también necesita a veces reafirmación. La diferencia está en que esas emociones no la desbordan ni la llevan a romper el vínculo o a fusionarse con él por completo.

4. Qué ayuda a construir un apego más seguro

Mary Main nunca dejó una receta, pero su investigación describe bien qué tienen en común quienes llegan al apego seguro ganado. Y eso señala hacia dónde va el trabajo en terapia.

4.1. Poder contar la propia historia de forma coherente

Es probablemente el hallazgo más esperanzador de toda esta línea de investigación. Lo que mejor predice la seguridad de una persona adulta no es lo que le ocurrió en su infancia, sino cómo es capaz de contarlo ahora. Y coherente no quiere decir bonito. Quiere decir que el relato se sostenga, que lo que se afirma encaja con lo que se recuerda, sin grandes vacíos o lagunas ni versiones que se contradigan entre sí.

4.2. Romper con la idealización o la rabia enquistada

Hay dos maneras muy comunes de no poder mirar atrás con claridad. Una es suavizarlo todo, insistir en que la infancia fue estupenda aunque los recuerdos concretos cuenten otra cosa. La otra es que el enfado sea tan intenso que no deje ver nada más. En el apego seguro ganado se reconoce lo que dolió sin adornarlo y sin quedarse a vivir con un pie en el presente y otro en el pasado.

4.3. Pensar sobre lo que se piensa

Es lo que en psicología se conoce como metacognición, la capacidad de observar los propios pensamientos, y Main la señaló como una de las claves para entender el apego adulto. Es reconocer que la memoria emocional tiñe lo que recordamos, que cada persona mira su propia historia con unas gafas particulares, y que por eso una versión es siempre una versión.

4.4. Un vínculo seguro donde todo esto sea posible

Nada de lo anterior aparece en soledad. Hace falta alguien que sintonice con lo que se cuenta y lo sostenga sin juzgarlo, sea una figura de apoyo alternativa o el espacio de la terapia. Los ensayos de Levy y su equipo (2006), en el Journal of Consulting and Clinical Psychology, mostraron cambios medibles en la forma de vincularse tras procesos centrados en la relación terapéutica. Ahí integrar la experiencia deja de ser una idea y ocurre, poco a poco, en un espacio seguro.

5. Cómo trabajamos el apego en nuestro centro

Si el apego se construyó dentro de una relación, es dentro de otra relación donde puede repararse. Por eso el vínculo con la terapeuta no es solo el escenario del trabajo, es buena parte del trabajo en sí. Durante un tiempo, esa relación funciona como un lugar donde ensayar algo distinto. Contar lo que duele sin juicios. Enfadarse y comprobar que el vínculo no se rompe. Son experiencias que, repetidas semana tras semana, van cambiando esa expectativa antigua de que los vínculos suponen un peligro.

Sobre esa base trabajamos desde un modelo integrador, lo que significa que no aplicamos la misma técnica a todo el mundo. Como ejemplos, EMDR ayuda cuando hay una huella emocional que se sigue activando hoy, las terapias contextuales aportan recursos de automanejo para el día a día y la mirada sistémica permite entender de dónde vienen esas dinámicas arcaicas. Qué se usa y cuándo se decide contigo, nunca de antemano, y siempre reservando tiempo para entender qué necesidades no cubiertas siguen pidiendo atención.

6. Preguntas frecuentes

Según los estudios, sí puede llegar a serlo en aspectos como la regulación emocional, la calidad de las relaciones y el bienestar general. Algunas investigaciones apuntan a que en momentos de mucho estrés, las personas con apego ganado notan con más facilidad el eco de patrones antiguos, aunque eso no invalida el cambio conseguido, solo indica dónde conviene seguir cuidando.

Un vínculo seguro también se construye

Si algo queda claro tras años de investigación sobre el apego es que no hay una edad límite para aprender a confiar de otra manera. Lo que se aprendió una vez, con esfuerzo y con acompañamiento, se puede volver a aprender. Si te reconoces en lo que hemos contado y quieres explorarlo con calma, en Somos Psicoterapia estaremos encantadas de aclarar tus dudas en una primera consulta gratuita.

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