Centro Somos Psicoterapia
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Nuestro blog sobre psicología

Evaluación psicológica: las sesiones que marcan el camino de la terapia

Casi todo el mundo llega a la primera cita de terapia psicológica sabiendo a qué viene, o por lo menos teniendo una ligera idea. Puede ser la ansiedad que no permite descansar, una ruptura de hace cuatro meses o el miedo a la enfermedad. Lo que no se espera es que en las sesiones siguientes le preguntemos por lo que ocurrió en casa cuando su hermana se marchó, o si sus padres le explicaron por qué el abuelo ya no iba a estar en las comidas de los domingos cuando era un niño. Cosas que de entrada no parecen tener nada que ver con eso.

Esas preguntas tienen un orden y una lógica detrás, aunque desde el sillón de enfrente cueste notarlo. Vamos a hablar sobre lo que preguntamos en la fase de evaluación, qué hacemos después con la información que recogemos y por qué es fundamental no saltársela en ningún caso.

Evaluación psicológica: qué pasa en las primeras sesiones

1. Lo que preguntamos al conocerte

La primera cita con una de las psicólogas del equipo y arranca casi siempre por una pregunta abierta: ¿qué te trae por aquí? Lo que empieza con un problema concreto se va convirtiendo, sesión a sesión, en una pregunta bastante más profunda, la de cómo se ha ido dando tu vida para llegar hasta aquí.

Lo que cada persona cuenta que quiere tratar cuando entra por la puerta del despacho lo llamamos motivo de consulta. Casi nunca se queda donde empezó.

Tomamos notas, las justas para no perder información importante. Estas sesiones del principio van bastante más dirigidas que el resto de la terapia. Preguntamos más y ordenamos más la conversación de lo que haremos luego, porque hay información que necesitamos tener y porque quien viene tiene que salir de la consulta sabiendo que empezamos a conocerle. Si algo todavía no se puede contar, se deja para cuando la persona esté preparada, pero no queda olvidado: lo retomamos cuando llegue el momento.

No hace falta traer la historia ordenada ni haber decidido de antemano qué es importante.

2. Por qué no empezamos a intervenir desde la primera sesión

La evaluación es la fase en la que recogemos información y construimos una hipótesis sobre qué mantiene hoy el problema, que no siempre coincide con lo que lo originó. Ocupa unas cuantas sesiones, y tiene poco que ver con rellenar un formulario. Es una conversación con dirección, en la que vamos preguntando por las piezas que todavía no tenemos.

Aquí también preparamos el encuadre terapéutico, el marco dentro del que va a ocurrir la terapia. Cada cuánto nos vemos y a qué hora, los honorarios, la forma de trabajo y el compromiso que adquiere cada parte, incluido qué ocurre cuando se falta a una sesión.

Trabajamos desde un modelo integrador, con una estructura detrás que decide qué recurso aplicar y en qué momento. Esa estructura se apoya entera en la evaluación: de lo que recogemos sale la hipótesis, y de la hipótesis sale por dónde empezamos a trabajar.

Empezar a intervenir antes de evaluar no es la mejor opción. Dar recursos de automanejo para la ansiedad desde el primer momento a alguien que atraviesa un duelo que no ha hablado con nadie puede aliviar durante dos semanas, pero deja el problema en el mismo sitio en el que empezó.

Nadie llega con su historia ordenada. Ordenarla es parte del trabajo.

3. Qué exploramos antes de trazar un plan de acción

Durante esas primeras sesiones hay una serie de aspectos que debemos mirar, entre otros, y en el orden en que vayan saliendo:

  1. Qué quieren decir tus síntomas. Ansiedad, tristeza o bloqueo nombran experiencias distintas en cada persona, así que preguntamos cómo se nota por dentro y qué ocurre alrededor cuando aparece.
  2. Cómo reacciona tu cuerpo. Cómo duermes, si han aparecido dolores este año, cuantas cuántas horas de pantalla hacen falta para desconectar o si te alimentas bien.
  3. Qué se ha intentado ya y qué resultado tuvo. Terapias anteriores, qué sirvió de ellas, por qué se dejaron, medicación actual o pasada o intentos de solución propios.
  4. Con qué apoyos se cuenta. Quién hay alrededor, y si esas personas saben lo que está pasando.
  5. Qué esperas de la terapia. A esto lo llamamos expectativas, y se van ajustando sesión a sesión para poder traducirlas a algo que puedas reconocer cuando ocurra: de "quiero estar bien" a "quiero poder quedar un viernes sin inventarme una excusa a última hora".

Nada de esto se pregunta de golpe, como quien rellena un cuestionario, sino que se va recogiendo a lo largo de varias sesiones, haciendo hincapié en todo lo relevante que surja a lo largo de las mismas. De aquí salen las preguntas que no son tan obvias cuando se empieza el proceso. Quien viene por insomnio puede acabar hablando de un cambio de puesto hace tres meses o de la ansiedad que arrastra desde la adolescencia, y cada una de las dos cosas guía el trabajo a un sitio distinto.

4. Lo que cuenta una línea de vida y no cuenta una escala

La herramienta central de esta fase es la entrevista semiestructurada, una conversación dirigida, con unos temas que debemos cubrir y espacio para recoger lo que vaya saliendo durante las sesiones.

La acompañamos con recursos que ponen la historia sobre el papel, la línea de vida, que ordena por años lo que ha ido marcando a la persona, el genograma, que nos ayuda a entender tu historia familiar, o la entrevista de apego adulto, que nos sirve para por los cuidados de la infancia y por cómo se cuentan ahora.

Podemos hacer uso de test para un cribado puntual, cuando hay algo concreto que descartar, o para poder hacer un segumimiento de algún valor concreto y comprobar su evolución durante la terapia.

Tampoco vamos detrás de una etiqueta. Llega gente convencida de tener TOC o un trastorno de personalidad, y a veces acierta, aunque lo que realmente ayuda es entender qué lo sostiene ahora.

Hay personas que necesitan más tiempo en esta fase, y el ritmo se adapta sin problema. Cuando detrás hay abusos o una negligencia grave, la evaluación va más despacio y más repartida, porque ir deprisa con eso no sale bien. Si lo que aparece necesita además otro tipo de atención, lo valoramos y nos coordinamos con los profesionales correspondientes.

5. ¿Qué pasa después de evaluar?

Cuando ya tenemos una idea de lo que ocurre, lo compartimos contigo. Qué entendemos sobre lo que está pasando y qué proponemos hacer con ello, sin tecnicismos y con tiempo para que preguntes lo que necesites. A esa conversación se la llama devolución.

Hay piezas que encajan desde el primer momento, y la persona se reconoce en lo que le contamos. Otras tardan algo más y se colocan por el camino, a medida que se van trabajando ciertas cosas. La devolución es un momento para compartir impresiones y dudas, y para ajustar el camino con lo que tú aportes.

Las hipótesis que acordamos al principio nos sirven de guía durante todo el proceso, y se van afinando a medida que aparece información nueva. Si en algún momento del proceso cambian los planes o los objetivos, se revisa en conjunto y se reorienta el tratamiento.

7. Preguntas frecuentes

Suele llevar entre 3 y 7 sesiones, aunque siempre lo adaptamos a lo que cada persona necesita. Influye si el motivo viene acotado o si viene de lejos y está entremezclado con otros muchos factores.

Qué sucede después de que nos contactes por primera vez

Después de que nos escribas para solicitar tu primera cita, te responderemos lo antes posible para buscar un hueco con el que empezar y para resolver las dudas que tengas. Esa primera cita es gratuita y con ella empieza el camino hacia tus objetivos.

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